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Una ciudad elegante es aquella que enternece. Una ciudad que no se olvida es aquella capaz de robarse el aliento de quien la visita. Una, que como el amor, sea capaz de iluminar una noche, despejar el día, y enamorar al amor a primera vista; una ciudad así se deja, pero no se olvida. Así es Roma, historia de la civilización y origen del esplendor que reposa entre gigantes de concreto, interminables centros culturales y las mejores tiendas del mundo que la hacen deseable, como el mejor plato a la carta apetece al paladar más exquisito.

 Roma, una ciudad que podría llamarse mundo

Pasear por Roma se asemeja a los relatos de Cortázar, es como aquellos cuentos relatados con engaño, basados en juego de palabras que, necesariamente, deben ser leídos con todos los sentidos para comprenderlos, para mimetizarse con las palabras que, en Roma, se hacen monumentos, se hacen plazas, Foros y Circos. Cada cual como un pequeño relato va sugiriendo una historia, un suceso de la Humanidad.

Relatos que guardan en cada paso, en cada roce de vista sobre sus arquitecturas, un secreto, una energía, una vista maravillosa, un pretexto inmensurable para tomar la cámara fotográfica y perennizar el momento en una postal. Quizá por eso Roma es el destino predilecto de millones de viajeros, unos 12 millones en promedio, que visitan esta ciudad como parte de sus vacaciones, o alguna otra excusa. Roma es la ciudad más turística del mundo.

 Roma, una ciudad que podría llamarse mundo

Caminar, como dice una frase, es ser parte de aquello que recorremos, porque una parte nuestra se queda por donde pasamos y una de Roma se quedará siempre en el recuerdo. Sea por su historia, por sus monumentos, por su belleza arquitectónica, por su arte, su modernidad o su elegancia. Las razones sobran si es necesario prenderse de una, porque la noche o el día, la bohemia o la mansa cultura, todo se mueve mágicamente entre los viajeros, como apoderándose de los sueños, de las historias y de las vidas.

Roma, capital italiana, es también la capital de turismo. Poseedora de las mejores comodidades y los establecimientos hoteleros mejor distinguidos, apenas hace falta soñar con el viaje para construir esa ciudad imaginaria, y compensar el apuro diario con un viaje merecido de vacaciones.

 Roma, una ciudad que podría llamarse mundo

Roma es sinónimo de arte, de museos y centros culturales, de encuentros y desencuentros culturales. La ciudad alberga a personajes de todos los países y todas las lenguas. Un pretexto por sus calles para cruzar la mirada del otro y el uno por un sólo camino, un andar que siempre puede terminar en una nueva historia que contar. Roma es como el mundo, pero recortado para tallar en una ciudad.

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