Si ya has leído la primera parte de este reportaje te habrás enterado que Auschwitz era un campo de concentración de exterminio y que hoy se ha convertido en un museo. Durante el holocausto judío llevado a cabo por los nazis, era muy común la llegada a Auschwitz de trenes cargados con ancianos, adultos, jóvenes y niños judíos en su interior provenientes de varios países de Europa ocupados por Alemania o países que eran aliados a ella. Estos trenes llegaron desde 1942 hasta fines del verano de 1944 y se calcula que llevaron al complejo de Auschwitz a por lo menos 1,3 millones de personas, de los cuales 1,1 millones fueron asesinados por las autoridades del campo.

Para quienes no estén acostumbrados a emociones fuertes, es recomendable antes evaluar la situación, para ver si no será una situación muy traumática para nosotros, aunque como explican los encargados del museo “a veces la mejor forma de conocer la historia es volver a vivirla”. ¿Estás de acuerdo?

En enero de 1945, cuando se percataron del acercamiento de los soviéticos a Auschwitz, las SS se vieron obligadas a evacuar los campos. Entonces obligaron a casi 60.000 prisioneros a marchar hacia el oeste, aunque ya miles habían sido asesinados antes de esto. El 27 de enero de 1945, cuando el ejército soviético ingresó a Auschwitz, liberó a alrededor de los 7.000 prisioneros restantes, que en su mayoría se encontraban enfermos y moribundos.
Desde 1979, la UNESCO declaró al museo como un patrimonio cultural de la humanidad, y en todo este tiempo ha sido visitado por más de 25 millones de personas.

Vale la pena mencionar que si partimos desde Cracovia debemos viajar 60 kilómetros, durante casi una hora hasta llegar a Oświęcim, poblado donde se ubica Auschwitz. Cuando estés en el interior del museo, aprovecha y pregunta todo lo que quieras, siempre tendrás a tu lado a un guía muy capacitado que resoverá todas tus dudas.



