Al sur del Perú, se produce su bebida bandera, la que por defenderla se ganó un pleito internacional con su vecino sureño, Chile, quienes dicen, que el Pisco es de su patria. Pero nada más falso que eso, o acaso, ¿Los peruanos dicen que las Islas de Pascua son del Cuzco? Es tan desatinado decir que el pisco es chileno como que Machu Picchu es de Brasil. El Pisco es tan peruano como sus símbolos patrios y por eso tiene su propia ruta, la Ruta del Pisco. En caso queramos hacer una ruta chilena, deberíamos entonces buscar la “Ruta del Aguardiente”…
Los valles del sur del Perú son el ambiente propicio para el crecimiento de la uva que destilará una vez lista el brebaje bendito, el aguardiente de Sudamérica, el Pisco. El sur de Perú está dedicado a la producción del pisco, tanto los viñedos de Ica, Arequipa, Moquegua y Tacna se abocan a hacer posible este líquido blanco que confunde su salubridad con la del agua.
Pero cada cultivo es diferente del otro, cada cual tiene su secreto de productor que hará que la competencia entre cultivadores sea generosa con el consumidor, quien es el que saldrá ganando en esta riña de calidad.
Las Rutas del Pisco de Ica y Moquegua son un viaje a la naturaleza productiva, los antiguos caminos y campiñas tradicionales de larga data, que en sus historiales añejos cuentan diversas anécdotas relativas a la bebida que dan vida. El sur peruano está abocado a engrandecer al Perú desde el momento que se dedican a producir su orgullo líquido.
Las bodegas de estas campiñas son como una bóveda de banco nacional para todos los peruanos, porque no existe criollo que no alce el pecho a la hora de hablar o degustar una copa, por pequeña que sea, de pisco nacional.
El pisco se ha vuelto parte importante de la gastronomía peruana, poniéndosele al frente en cada velada de presentación, ya sea en su versión pura, directa de la botella, o en un popular preparado llamado “pisco sour”, que ya ha encantado el paladar de propios y extraños, por lo que se entiende en cierta medida que la competencia se quiera adueñas de algo tan bueno.
Si el cebiche encandila las mesas en las tardes de verano, el pisco lo hace en cualquier época del año y a cualquier hora del día, porque nunca es malo beber un poco del aguardiente que embrava la garganta, haciéndola rugir por dentro como si de agua de vida se tratara. La ruta del pisco es la ruta del sur.







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