La devoción es algo que no lo puede carcomer nadie, lo mismo se puede decir de la casa de esa devoción, la iglesia, así sea esta de madera y sea potencialmente devorada por termitas que tras cientos de años deben haber cesado en su intento. Termitas viejas y jóvenes, de varias generaciones, que no han siquiera podido quebrantar al edificio santo que yace en Urnes, colina antigua de la también antigua Noruega: La Iglesia de Madera.
¿Cuántos cientos de años puede permanecer incólume una edificación? ¿50, 100, 500, 1000? Claro depende del material y aún así no sería mucha su expectativa de vida de cualquier construcción. Pero sorprende saber que un templo de madera, ese material tan vulnerable al paso del tiempo, sigue sirviendo de techo y muros a una casa de oración tan antigua como la Edad Media, o sea cerca de los 1,000 años de vida natural en tiempo real. Algunos pueden entender, y lo suscribimos, que la Iglesia de madera de Urnes es un milagro, y poco habría que discutir, pues las palabras faltarán para explicar los fenómenos que hacen de la existencia un hecho divino. Los fenómenos naturales, los sobrenaturales y los sobrenaturalmente naturales.
Es de esperarse que ante tanto paso del tiempo, varias generaciones y culturas hayan dejado su sello en el diseño de esa antigua casa de Dios, imaginarse que los rudimentarios vikingos fueron los primeros hacedores de lo que hoy es un patrimonio de la humanidad, deja impresionado a cualquiera que cree al tiempo un implacable villano. Que derriba paciente y lentamente todo a su paso. Hay excepciones para toda condición, esas excepciones hacen dudar del sentido común, de lo establecido, de lo natural, de lo verosímil, impresionando y dejando anonadados sin mucho bombo ni morisqueta a los comunes mortales que somos y que creemos que todo esta en nuestras manos y depende de nuestros cuadrados cerebros.
Si bien los retoques internos son más contemporáneos, no deja su esencia rústica que muestra por su parte exterior, decorada por unas colinas verdosas y un lago calmo que confeccionan una linda postal de calidad intemporal.
La Iglesia de madera de Urnes es un triunfo de la naturaleza así como un triunfo de la fe cristiana, que ve reflejada su inmortalidad en ese monumento de aspecto quebrantable, pero que el tiempo le hace el daño que una brisa a un roble. Más bien le da un soplo de vida.






Pingback: El 40 % de los noruegos viven aferrados a Facebook | Facebook Noticias