La casa del ya legendario caballito de totora, no son cuatro paredes sino que se enmarca en el cielo, la arena, el mar y el horizonte: las cuatro paredes de la playa, un ambiente tan extenso y libre que da la impresión de sentirnos tan pequeños como un granito de la arena que pisamos.
Muchas playas son grandes y cautivadoras, pero pocas como la trujillana y peruanísima Huanchaco, repito, la casa o cuna –si quieren- del caballito de totora.
Huanchaco junto a Máncora son los más importantes balnearios del norte peruano, cuyas aguas son disfrutadas desde épocas coloniales. Precisamente de esa época data la famosa –en esos lares- iglesia de la Santísima Virgen del Socorro, levantada cerca de la playa y sobre la que se tejen más de una historia sobrenatural. Es un punto de rezo y veneración para los adultos del lugar y cuna de miedo y tirria para los niños asustadizos. De todas maneras es muy querida por los lugareños.
Como en ninguna otra playa en el Perú, los tup están incrustados en la arena, me refiero a los míticos caballitos de totora, cuyo nombre ancestral es tup, llamado así por las culturas prehispánicas Mochica y Chimú, dejando entrever que estos barquitos de totora ya dominaban el mar desde tiempos inmemoriales, mucho antes de que los incas y los españoles caminaran por esas tierras.
Huanchaco es una plaza importante y muy considerada para los deportistas acuáticos, surfistas y derivados, donde se realizan anualmente más de un campeonato importante de índole internacional, en los que los locales son los favoritos por su conocimiento del lugar. Los campeonatos organizados en el norte peruano son de gran trascendencia para el deporte de la tabla a nivel panamericano, inclusive su interés traspasa nuestro continente, provocando que surfistas australianos y españoles, en mayoría, lleguen a nuestros balnearios a competir, asimismo a visitar, promoviendo así el turismo de la zona.
Durante el verano en especial, el malecón de Huanchaco se nutre de fiestas y celebraciones nocturnas para el disfrute de los turistas siempre ávidos de experiencias juergueras. Aunque, en las mañanas y tardes, siempre soleadas, los restaurantes son los puntos de encuentro favoritos de comensales, quienes disfrutan del mejor menú marino de esta parte del mundo. Un verano en Huanchaco, la cuna de los caballitos de totora, es un verano gozado al 100%, donde la playa en el día, la comida en la tarde y la diversión en la noche noche, no nos dejarán tiempo de meditación.







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