A principios de los años 90 un terrible suceso empezó que hasta apreció en las primeras planas de algunos periódicos y en los programas periodísticos de la televisión empezó a dar pánico a los pobladores de diferentes países de Sudamérica y de Centroamérica. Esta noticia sangrienta más parecida a un mito que a un suceso accidental no encontraban explicación sobre la muerte y desaparición de diversos ganados especialmente las cabras y sus respectivas crías.

Ante esta alarmante noticia, varios pobladores locales y dueños de ganados explicaron que en una u otra ocasión habían visto en carne propia al temible Chupacabras, este hipotético monstruo reconocido como un mitológico animalejo voraz y agresivo que atacaba a los ganados vacunos incluyendo a las aves, a quienes mordía sin dejar rastro alguno. Tras el acecho del Chupacabras, dichos animales aparecían muertos al amanecer con signos de haber sido mordidos y devorados por un drácula latinoamericano.

Si bien decimos que el Chupacabras forma parte de un mito popular por ser un supuesto fenómeno, ¿Qué es lo que realmente causaba la trágica muerte de estos animales del campo?. Recuerdo que en el año 1992 apareció en la televisión un reportaje especial sobre el pueblo de Moca en la isla del encanto, Puerto Rico en donde habían encontrado que en campos diversos, muchos animales habían muertos de forma extraña y sin explicación alguna. De pronto la muerte de los animales de campo empezó a extenderse a otros países como Ecuador, Colombia, Brasil, Bolivia, Chile y Perú; como también en algunas zonas latinas de Estados Unidos, Panamá y la ciudad de México.

Para suerte de los amantes de los mitos y para goce de los incrédulos, no existía grabación o fotografía original que apoyara esta hipótesis. No existía, ni existe aún hoy en día una imagen sobre la criatura devoradora de estos animales. La imagen del Chupabaras sólo existe en la cabeza de las personas, en el imaginario popular, y vive gracias a los comentarios de los supuestos testigos que quedaron pasmados al ver su presencia. Como en cualquier otro caso de leyenda popular, se ha ido transmitiendo de generación en generación y así la historia ha viajado a kilómetros de distancia, haciéndose conocida en el mundo entero.



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